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Hace algunos años, tuve que ver en un café Internet a cuatro niños que se pedían a La Diabla, Catalina, Marcial y Bayron. El mayor tenía nueve años.
Hoy, veo que el señor responsable de la glorificación de personajes como Pedro Pablo León Jaramillo, Marcial, Catalina, la Perris, la Diabla y otros más, alguien cuyo afán por el amarillismo llevó a convencer a una pobre actriz principiante a que se dejara filmar mientras le ponían unas siliconas, el responsable de que hoy en día tengamos que soportar muchas series mediocremente escritas sobre traquetos, sus mozas y sus riquezas que parecen escritas con el mismo papel mantequilla que utiliza Carlos Santana para hacer sus partituras; ese señor, Gustavo Bolívar Moreno, un mal llamado escritor y guionista (me duele, reitero, ver un libro con el lomo vinotinto que dice “Sin tetas no hay paraíso” al lado de autores como mi amigo Cees Nooteboom, Amos Oz, Orhan Pamuk, J.M. Coetzee, Salman Rushdie, V.S. Naipaul y Junot Díaz), apoyado por un editor tan dudoso como José Vicente Kataraín. Alguien que disimula su mediocridad como escritor con “la polémica por su lenguaje descarnado y real”. Un señor que, en aras de sacarle más dinero a la gente incauta, hizo tres versiones distintas, sin apenas cambios distintos al casting, de su opus magnum, la historia de una chica que quería ponerse tetas…
…se proclama líder “indignado”. Dirige una protesta un día contra el presidente del Senado y al día siguiente, en una muestra clara de oportunismo, publicita un hashtag en Twitter para que no secuestren niños. Y a los muchos que criticamos la doble moral de un hombre que no tiene empacho en glorificar a estos personajes que tanto daño le han hecho a Colombia y posa de “indignado”, le responde con esta perla:

Si este país se indignara de verdad, no dejaría que Gustavo Bolívar Moreno se autoproclamara líder de opinión. Pero infortunadamente, esto es Colombia y uno no puede esperar mucho.
